Una boda silvestre y chic

Lugar: Aspaldiko

Fecha: Agosto de 2017

Qué hicimos:

Ramo de la novia y detalle floral del novio.
Decoración de la ermita, exterior e interior.
Decoración de las mesas del restaurante.
Seating plan, photocall, mesa dulce y rincón de detalles.

Cuando supimos que Alaia se casaba con Miguel y que contarían con nosotras para la decoración, no nos pudimos alegrar más. Además, tratándose de una familia que conocemos desde hace años, nos hizo muchísima ilusión poder formar parte de un día tan importante y, como no podía haber sido de otra manera, nos entendimos a la primera y ello quedó reflejado en el trabajo final.

Alaia es de aquí, Miguel es de Madrid y se conocieron en Austria. Ambos habían trabajado en diferentes países y no había duda de que los viajes estaban muy presente en sus vidas y así lo quisieron reflejar ese día: empezando ya por las invitaciones, las referencias al tema viajero estuvieron presentes en diferentes detalles de la decoración. También tuvieron claro que la decoración tenía que tener un aire silvestre y que los palés, tan importantes para ella, no podían faltar.

Fue una boda de tarde el pasado 12 de agosto. La ceremonia se celebró en la ermita de Ondiz (Leioa) y siguieron con la fiesta en el Restaurante Aspaldiko. El granate y el verde fueron los tonos que marcaban la decoración floral, incluyendo el ramo de novia. Para darle más luz, pusimos toques de colores más más propios del verano, que transmiten mucha alegría y eso era lo que se respiraba en el ambiente. Y cuando ves que todo fluye en la misma dirección es cuando sabes que tu trabajo ha salido bien y transmite todo lo que los novios querían a través de ello. Toda su esencia y el trabajo en equipo con mil conversaciones, correos e ideas cruzadas. ¡Es pura magia!

La decoración de la ermita era sencilla, muy silvestre con elementos de madera y mimbre. El musgo no podía faltar y diseñamos una pequeña cascada con diferentes verdes y flores que envolvía este rinconcito tan mono donde colocamos el ya típico set de entrada y salida de ceremonia, como unos pañuelos para posibles lagrimillas de alegría. En el interior, bastaron unos cestos con caídas de flor, que quedaban preciosos con la piedra de la ermita.

En el restaurante, la decoración iba en la línea con la de la ceremonia pero con unos toques más "chic" y viajeros. Así, para los centros de mesa, combinamos madera, terracota, piedra, cristal y metal con iluminación y flores y plantas. Ninguna mesa tenía la decoración igual a otra y eso lo hizo todo mucho más original y personal. Cada mesa llevaba el nombre de las ciudades de las que procedían los invitados, escritas en tarjetas que simulaban antiguas postales y en marcos diferentes. ¡El resultado nos encantó!

Para el seating plan, también muy viajero, utilizamos un palé, cajas de madera y cestos de mimbre. Las tarjetas con los nombres de los comensales se pusieron sobre un palé y cada ciudad iba representada en postales antiguas conectadas con avioncitos de papel. Los trabajos florales, tanto en la parte superior como en la parte inferior, recordaban a los de la ermita.

Para después de la cena fuera les esperaban unas cuantas sorpresas como el photocall, para el cual también hicimos un marco con forma de sello, unos palés sobre los que colgamos alpargatas para aquellas invitadas que ya no aguantaban más el tacón y una mesa dulce para aquellos comensales que se quedaron con ganas de más.

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