Virginia e Ibon, una boda chic

Lugar: Baserri Maitea (Forua)

Fecha: Septiembre de 2016

Qué hicimos:

Punto de bienvenida
Altar ceremonial
Seating plan
Mesas
Candy bar

Fotografía: Kenoa

Esta boda se celebró en Baserri Maitea, un lugar que enamora a primera vista y con un montón de posibilidades en cuanto a versatilidad, así que Virginia lo tuvo claro desde el primer momento: la caza y el color amarillo tenían que ser protagonistas.

Virginia también quiso hacerle un guiño a la vida en un caserío mediante cantinas de leche repartidas por los diferentes espacios de la celebración de este día, lo que contribuyó a que tuvieran mucha presencia y fueran un elemento decorativo central de la misma. Algunas de ellas se decoraron con paniculata blanca y otras con solidalgo amarillo.

Así, con la ayuda de Virginia, que nos prestó muchos de los elementos de caza de la decoración y con las cantinas de leche, la decoración resultó una preciosa y original mezcla entre rural y chic.

El punto de bienvenida a los invitados se estableció con una pizarra sencilla y una de las cantinas de leche, en esta ocasión decorada con flor amarilla.

La zona de la ceremonia se llevó a cabo en la preciosa parte trasera de Baserri Maitea y la maravillosa mesa de piedra de esa zona no pudo ser más acertada para envolver la temática de la boda. Así, montamos un altar de lo más rural con tocones de madera, casquillos, cantinas de leche y un toque “chic” que le daban los tarros plateados y las flores que los acompañaban. También se colocó una tela escocesa, que le daba ese toque que le faltaba para redondear la composición de un bodegón y que nos transportaba a esa parte salvaje de la vida en el monte.

El seating plan nos volvía a transportar a la zona de la ceremonia, con los tocones de madera, los tarros y los casquillos y que, en esta ocasión, formaban las iniciales de los nombres de la pareja.

Las mesas llevaban los nombres de diferentes aves, animales de caza y algunas razas de perro. Y es que estos últimos estuvieron muy presentes, sobre todo en la mesa de los novios, que llevaba el nombre de la mascota de la pareja y cuya foto la presidía.

Las mesas del comedor no podían estar fuera del resto de la decoración, por lo que los tocones de madera, los tarros plateados y los animales estuvieron otra vez presentes.

El candy bar, decorado también con tela escocesa, se convirtió automáticamente en un pic-nic en medio del campo.

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